Como señala Eliseo Verón, la noción de discurso político presupone, de manera explícita o implícita, ciertas hipótesis sobre una tipología de discursos sociales -es igualmente claro que esa tipología no está lo suficientemente definida-. El discurso político se ha desarrollado sobre la base de ciertas intuiciones, y a partir de una identificación del sentido común.
Existen diversas formas de posicionar la imagen de un candidato sobre otros, y de conseguir, en consecuencia, que la cantidad de votos recibidos sean suficientes para ganar una elección.
Hay que tener presente que siempre se está compitiendo con otro u otros, por tanto, la existencia de un adversario no puede soslayarse. Al construir su destinatario positivo y su destinatario negativo, el enunciador entra en relación con ambos. El destinatario positivo corresponde a un tipo de receptor que participa de las mismas ideas, que adhiere a los mismos valores y que persigue los mismos objetivos que el enunciador. Esta relación cobra la forma característica de una entidad que podríamos llamar colectivo de identificación. El destinatario negativo está, naturalmente, excluido del colectivo de identificación: esta negación constituye la definición misma del destinatario negativo. Siguiendo a Verón, podemos agregar que el análisis del discurso político en un contexto democrático revela la presencia de un tercer tipo de destinatario, perteneciente a sectores de la ciudadanía que se mantienen, en cierto modo, “fuera del juego” y que, en los procesos electorales, son identificados habitualmente como los “indecisos”; si votan, deciden su voto a último momento. Si la figura del colectivo de identificación está asociada a una creencia y la del adversario a la inversión de esta creencia, la posición de los indecisos, en el discurso político, tiene el carácter de una suspensión de la creencia. Luego las campañas deberán concentrarse, a través de la persuasión, en este sector de la población. Pero sin olvidarse que el discurso político constituye siempre un discurso de refuerzo respecto del destinatario positivo, de polémica respecto del destinatario negativo y de persuasión solo en lo que concierne a los indecisos.
Enunciar palabra política consiste entonces en dirigirse a tres tipos de destinatarios diferentes, por medio de constataciones, explicitaciones, prescripciones y promesas, respecto de las identidades del imaginario.
Ahora bien, ¿qué factores son determinantes a la hora de la elección? La respuesta a esta pregunta ha variado con el tiempo. Algunas democracias contemporáneas muestran una tendencia a lo que se ha venido llamando “gobiernos ciudadanos” en donde cualidades propias del candidato tienen más importancia que las ideas que sostienen su candidatura. El carisma, la cercanía, el tipo de lenguaje constituyen, en la actualidad, aquellos elementos que determinan, en un sector importante de la población (principalmente los indecisos), la intención de voto en los procesos electorales. Si los candidatos se juegan por este tipo de estrategias es, en definitiva, porque precisamente este grupo es el que puede llevarlos a la victoria.
martes, 25 de marzo de 2008
jueves, 31 de enero de 2008
LOS SECRETOS DEL RORSCHACH
Todo el mundo sabe que Rorschach es algo mas que una población suiza: es el apellido de un eminente psicólogo que diseñó un test de investigación de personalidad basado en la interpretación que el sujeto testado hace de unos dibujos simétricos, como producidos por una mancha de tinta al ser esparcida aleatoriamente sobre un papel doblándolo.Leer artículo
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