miércoles, 31 de octubre de 2007

Ciudadanía Participativa

Hoy se realizó en TVN la conferencia del padre de lo que se ha venido llamando "periodismo ciudadano", Dan Gilmor. El hombre es inteligente y todo pero me sigue dando vueltas la idea de si está bien usada la nomeclatura..."periodismo...ciudadano"...¿qué tiene de periodístico el hecho de encontrarse por azar en el lugar de los hechos y tomar una fotografía para luego publicarla junto a un texto en un blog? Hay algunos que prefieren la expresión "periodismo participativo" pero desde mi punto de vista es lo mismo. ¿No debiera ser algo así como "ciudadanía participativa"?

La diferencia entre el periodismo y el hecho de subir informaciones y/o experiencias a la web radica en que el periodista vive de la noticia. No deja nunca de ser periodista. Los acontecimientos y las fuentes son la materia prima de su trabajo y vive para ello las 24 horas del día. Sacrifica, en algunos casos, el poco y preciado tiempo que tiene para compartir con sus seres queridos por informar a las personas aquello que puede ser relevante en base a criterios editoriales establecidos o bien por cuenta propia, a través de la web. Tiene dominio de la comunicación en todos los sentidos y evalua antes de publicar una información, chequea fuentes y constrasta datos. Procura aproximarse lo que más puede a ese supuesto universal denominado "verdad".

Para los ciudadanos, en cambio, esto no es así. No viven de las informaciones y el reporteo no es constitutivo ni constituyente de sus vidas. Dedican la mayor parte de su tiempo a actividades que no tienen que ver con el periodismo.No buscan las noticias sino que éstas les llegan por gracia (o mala suerte en algunos casos) y si además tienen la suerte de andar con una cámara digital o un celular que pueda registrar aquel acontecimiento, podrán hacer un aporte valioso a la ciudadanía. Porque llamarse ciudadanos hoy día quiere decir comprometidos con lo que sucede en nuestro país, con nuestra gente, y los aportes de las personas siempre serán bien recibidos si se difunden con responsabilidad.

El periodismo no puede llegar a todos lados con la inmediatez que se requiere en estos tiempos. Por eso la participación de la ciudadanía es de suma relevancia en los escenarios mediales en que hoy nos movemos. Bien por los ciudadanos y bien por la participación.

jueves, 18 de octubre de 2007

La derecha concertacionista

La estrategia encarnada por "el desalojo" es lamentable y no le hará ganar más votos a la derecha. Si lo haría, desde mi perspectiva, abandonar definitivamente la figura de Pinochet, dejar de defender a criminales y proponer de frentón un continuismo con aires de renovación; apropiarse realmente -no sólo como estrategia política- y para el bien de todos los chilenos, de aquellos valores que ha ensalzado la Concertación. Abandonar el desprecio por los más desposeidos, dejar de defender intereses elitistas de ciertos grupúsculos y no de la gente más necesitada y, por sobre todo, dar señas de una real intención de modificación del sistema binominal.

Hace poco leí una editorial de Juan Andrés Guzman y señalaba algo bien curioso respecto de la relación : Derecha/delincuencia/Concertación. Decía que todas las medidas antidelincuencias han sido aprobadas. La derecha pide mil carabineros y la Concertación dice: que sean dos mil y 5 cárceles más. La derecha quiere bajar la la responsabilidad penal a 15 años y para que no haya peleas la Concertación la dejó en 14. La derecha propone subir las condenas de los delitos más graves y desde 1990 hasta la fecha, todos los delitos graves han aumentado las penas. ¿Hay algo que no cuadra no? porque a pesar de ello la derecha le sigue reclamando a la Concertación su pasividad ante la delincuencia...

Cuando tenemos una gotera en la casa la solución no es poner un balde, pues cuando se llena ese balde ...tendremos que poner otro y otro y otro...la solución es arreglar la llave. Lo mismo con las cárceles. La solución no es meter a todo el mundo preso, sino invertir en educación y brindar oportunidades a los jóvenes. Curioso es también que se diga hasta por los codos que en Chile existe una "puerta giratoria". Sépanlo: Chile es uno de los paises con más presos por cantidad de habitantes.

No le hace bien al país la permanente confrontación y las descalificaciones por bando y bando...ya llegó la hora de pensar en el Chile que queremos con miras al bicentenario, una sociedad tolerante y democrática, incluyente y solidaria, con memoria histórica, con la capacidad de mirar hacia el futuro sin olvidarnos de nuestro pasado.

lunes, 15 de octubre de 2007

Fe de ratas : La industria del libro en Chile.

“De los diversos instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz, luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es la extensión de la memoria y la imaginación”

Jorge Luis Borges, El libro.


La industria editorial chilena padece, desde hace algunos años, un mal del que no ha podido recuperarse.

La desaparición de la editorial Dolmen y el cierre de librerías como “World Book Center” y “Antártica” sumados a los constantes tambaleos de la “Andrés Bello”son síntomas de esta peligrosa enfermedad.

Los últimos estudios de canales de comercialización del libro en Chile dan cuenta de los problemas que existen hoy en día para superar esta crisis que se ha venido encima lentamente, sin dañar mucho todavía, pero consumiendo los lugares más sanos de esta desdichada industria cultural.

Hay consenso de que la información y el conocimiento son claves para el desarrollo de las sociedades contemporáneas. En este contexto, el libro, “es un bien fundamental. Es archivo y vehículo de información, de conocimiento, sensible e intelectual en tanto la lectura es un comportamiento de alto valor cultural, económico y político” según leemos en el blog de Editores de Chile.

La industria del libro posee dos dimensiones que no siempre son compatibles: además de ser el soporte simbólico de una sociedad, es un bien en tanto mercancía económica, y por ello, para su distribución, los editores se ven en la disyuntiva de tener que dejar pasar libros que no necesariamente son buenos pero que sin embargo venden. Esta es una de las principales trabas de la industria: las escasas ventas a veces no justifican editar textos que no tienen demanda de lectores, aunque éstos representen aportes incalculables a la cultura, la educación, la poesía y el arte nacional.

De subidas y bajadas

Con el advenimiento de la democracia, la industria del libro en Chile experimentó un nivel de crecimiento significativo que coincidió con el aumento de los ingresos de las personas en los primeros años de los noventa. Esto incentivó la inversión de editoriales trasnacionales –como Alfaguara- que vieron en Chile un nuevo mercado para sus ediciones, además del surgimiento de editoriales independientes que le daban al país un nuevo brío en materia de oferta de libros. El crecimiento aludido se pudo observar además por la instalación de nuevas librerías, la promulgación de la Ley del Libro y la Lectura que creó el Consejo Nacional del Libro y la Lectura con su correspondiente fondo de recursos concursables, la utilización de nuevos canales de venta y la presencia de editoriales chilenas en otros mercados. Dicha presencia se materializó tanto en ferias, misiones comerciales, catálogos de la oferta exportable como en cifras concretas de exportación, la multiplicación de ferias del libro en todo el país, la importante cantidad de autores chilenos publicados en novela, cuento y también en el género ensayo con importantes cifras de venta.

Pero todo lo que sube en algún momento baja, o se estanca. En 1997 la crisis asiática afectó considerablemente el ingreso de las personas y con ello la demanda por libros también disminuyó.

La situación económica de fines de los noventa no fue el único factor que condicionó el estancamiento o retroceso en el desarrollo de esta industria. Se pueden distinguir razones estructurales y circunstanciales, siendo las primeras las más importantes. Entre ellas se destacan los pobrísimos niveles de comprensión de lectura en la población: según la Encuesta Internacional de Alfabetización de Adultos de la OECD del año 2000, el 80% de los chilenos no comprende lo que lee (Una encuesta más reciente señalaba que el 50% de los universitarios no comprendía lo que leía) A eso se suma la debilidad financiera en casi todas las etapas de la cadena de valor de la industria del libro, la escasa compra de libros chilenos por parte de bibliotecas, la invisibilidad del libro en los medios de comunicación, el hábito masivo de reprografía (fotocopias) en universidades, colegios e instituciones privadas y públicas, la piratería, el alto impuesto al valor agregado al libro y fuerte concentración del libro de lengua castellana en España. A esto, el editor Juan Carlos Sáez agrega que “existe una ausencia de una política nacional para el libro y la lectura que aborde sistemáticamente todas las dimensiones de este desafío incluyendo desde medidas sobre la cultura y la educación, hasta económicas y fiscales, aparte de generar una presencia estructurada del libro a nivel nacional que le devuelva su valor simbólico” según un articulo que escribió para la revista Rocinante en septiembre 2005. La leve recuperación en 2000 y 2001 terminó con una caída adicional en 2003 y 2004.

¿IVA?

Esto es algo que se ha venido arrastrando desde anteriores gobiernos. Hace no mucho tiempo Editores de Chile, que agrupa a la editorial Cuatro Vientos, Ril, Cuarto Propio, Pehuén, Cesoc, Ediciones de Temple, LOM, Andrés Bello, Universitaria y Aún creemos en los sueños, solicitaron, mediante una carta abierta al ex Presidente Lagos, la reducción del pesado impuesto que actualmente grava al libro.

En la carta mencionada la agrupación que dirige Pablo Slachevsky– LOM Ediciones- señalaba que dicho impuesto incide directamente en el desarrollo del país y es la razón principal de los bajos niveles que muestra la población chilena. Agrega, además, datos del IVA en distintos países de Europa, Asia y América: Bélgica 6%, Francia 5,5%, Canadá 7%, Grecia 4%, Estados Unidos 7%, Japón 5%, Portugal 5%, España 4%. En Argentina, Colombia, Gran Bretaña, Corea, Perú, Hungría, Uruguay y Brasil las personas no pagan impuesto al valor agregado de los libros. Para que se haga una idea, cada vez que usted compra uno, el Estado recauda el 20% de su valor.

El variable porcentaje de propiedad que tienen los grupos editoriales extranjeros en las empresas chilenas hace distintos los grados de control que ejercen. Se puede afirmar, en general, que las filiales actúan con autonomía en lo que se refiere a gestión administrativa. Sin embargo, se encuentran sujetas a control en el plano financiero, es decir, la rentabilidad que se les exige articula y dirige las otras libertades.

Una encuesta realizada por el sitio web Letras de Chile en la que se preguntaba por las razones de los bajos índices de lectura en Chile (España 77%, Argentina 72%, Chile 31%), concluyó de la siguiente manera: el 40,08 % de quienes respondieron la encuesta piensa que está situación se debe al alto valor de los libros en Chile (424 personas). El 23,16 % cree que se debe a problemas en la formación escolar (245 personas). El 15,22 % le atribuye la responsabilidad a la falta de fomento a la lectura (161 personas) y el 4,73% cree que la culpa es definitivamente del impuesto (50 personas).

Modernización de librerías.

Las librerías presentan sus propios problemas. El estudio realizado por CERLAC en conjunto con la Cámara chilena del Libro identificó y jerarquizó de la siguiente manera los principales problemas de las librerías en el país: Falta de modernización empresarial: El uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo, promoción y venta de libros no ha sido implementado por todas las librerías, lo que ha evidenciado grandes diferencias entre ellas. Mientras la editorial Andrés Bello ha visto como se reducen los títulos publicados y ha sufrido el cierre de algunas de sus librerías, la Feria Chilena del Libro se ha modernizado y expandido incluso fuera de Santiago. Aumentando considerablemente su número de librerías.

El perfil del empresario sumado a la competencia del sector informal son problemas que afectan las ventas: todos los administradores de librerías entrevistados coinciden en que la piratería es uno de los principales problemas. Ésta seduce con títulos llamativos, principalmente Best Sellers, a los transeúntes que circulan por el centro de las ciudades. Claudio Pérez, vendedor de la librería Contrapunto ubicada en Huérfanos, comenta con resignación que “los vendedores no podemos hacer nada para evitar la competencia desleal, eso es un problema que deben resolverlo las editoriales. Es una pena que la gente prefiera libros de mala calidad que muchas veces vienen con menos hojas y faltas de ortografía”.

La capacitación de los empleados, la competencia de las papeleras y de las editoriales, además de la del Estado son otros factores que dificultan el buen funcionamiento de las librerías. Otro problema es la ubicación geográfica de ellas en el país: el 42% de las librerías se encuentran en la Región Metropolitana, el 13% en la Región de Valparaíso, el 13% en la Región de los Lagos, el 6,3% en la Región de Tarapacá, y con porcentajes menores en las demás regiones.

Canales de comercialización

En Chile las librerías siguen siendo el canal tradicional para la venta de libros, sin embargo en las últimas dos décadas, en forma progresiva, y cada vez de manera más eficiente se han incorporado distintos canales para su comercialización.

• Librerías
• Papelerías (establecimiento cuyo principal rubro son artículos de escritorio)
• Venta directa a través de organizaciones de venta a crédito o placistas.
• Clubes de lectores
• Licitaciones públicas
• Ferias del Libro y exposiciones
• Venta por Internet (Comercio electrónico)
• Venta en grandes superficies (Supermercados, Grandes tiendas)
• Canales atípicos (Tiendas de otros rubros)
• Venta en kioscos
• Venta directa de editores y distribuidores a instituciones, establecimientos educacionales.
• Venta ilegal por canales informales (Vía pública)

viernes, 5 de octubre de 2007

Entrevista a Patricio Bañados : "En el plebiscito del 88 ganó el SÍ"

Reproduzco entrevista realizada por el Programa de Libertad de Expresión de la Universidad de Chile al conductor de la franja del NO, Patricio Bañados.

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bañadosEl conductor de la Franja de Televisión del No, en el plebiscito del 88, analiza en esta extensa entrevista las falencias de TVN –en el contexto de la realidad chilena posterior a 1990- y realiza interesantes propuestas para convertirla en una auténtica televisión pública.

- Muchos analistas sostienen que el triunfo del No en el plebiscito, si bien significó la derrota de Pinochet, no lo fue para su obra económica, social y cultural que se mantendría hasta el día de hoy. ¿No será esa la explicación de lo que usted tantas veces ha señalado: que el haber sido el símbolo televisivo de tal campaña le produjo, paradójicamente, un grave daño en su posterior carrera profesional?

Me gustaría puntualizar que en el plebiscito del 88 ganó el Sí. Hubo más gente que votó que No, pero ganó el Sí. No sospechábamos que había un acuerdo, aparentemente previo, del cual no teníamos conocimiento y que ni siquiera podemos certificar ahora. Un acuerdo para que nada cambiara, o sea, el “gatopardo”: que las cosas cambien para que todo pueda seguir igual.

El hecho de haber sido la cara visible de la Franja del No me significó en el momento amenazas de muerte para mí y mis hijas de 14 y 16 años. “Sabemos la hora que sales del colegio”, eran el tipo de llamadas telefónicas que recibieron. Para qué decir las que recibí yo. Pero lo que puede parecer increíble es que, por lo menos, durante 10 años fui agredido innumerables veces; aunque siempre “a la chilena”, de manera cobarde. Agresiones solapadas a mí o a mis propiedades.

(Para la Concertación) yo era una molestia. Se usó mi antecedente de haber intervenido en la franja del No, y posteriormente en la Franja de Aylwin, para tener el argumento de que yo estaba minusvalorado publicitariamente y, por lo tanto, podían pagarme mucho menos que al resto en Televisión Nacional. Así lo pensó Carcuro que me dijo: “Tú debes estar ganando cinco millones de pesos”. Yo le dije: “No alcanzo a llegar al millón y medio”. Literalmente, se le abrió la boca y me dijo “pero te están estafando”. O sea que la Concertación utilizó el hecho de que yo hubiera colaborado a que ella llegara donde llegó, como un elemento para pagarme menos y para mantenerme siempre en un discreto segundo plano en Televisión Nacional.

-Es sabido que en TVN, luego del ‘90, persiste una fuerte autocensura. ¿Cuáles fueron sus experiencias fundamentales en este ámbito?

Llegué a Televisión Nacional en agosto de 1990, porque me llamó Eduardo Tironi, que había sido designado gerente de Programación y me dijo que me hiciera cargo del área cultural. Pero rápidamente me di cuenta de que me mandaban cachos, porque cualquier idea que yo proponía era rechazada. Propuse, por ejemplo, que se me entregara toda la tarde del sábado para hacer una serie de programas de contenido. Me dijeron que no.

Descubrí que no había ningún interés en el desarrollo de una televisión que le diera importancia a lo cultural. Además, al ver lo que estaba sucediendo en el país, percibí que no había el menor interés en cambiar la televisión en general. La idea era que la televisión siguiera siendo lo mismo, es decir, un elemento de distracción, más o menos frívolo, sin ninguna orientación.

A Pinochet no se lo tocaba; a los detenidos-desaparecidos tampoco. Eran temas tabú, no existían. Si a Pinochet no lo pescan los ingleses, yo creo que se muere con toda clase de honores en este país; y la tortura y las maldades no existen. Esa fue la parte mía. Yo no estaba en prensa, que es donde la cosa es más dura, porque ahí sí que tú llegas todos los días con la noticia y yo me imagino que les dirían que no, pero yo no me metía más en eso.

-¿Y los programas eran sometidos a una suerte de revisión previa, sistemáticamente?

El Mirador, por ejemplo, representó un intento de revertir la situación de autocensura y, ciertamente, abrió algunos espacios. Me acuerdo que en el programa presentamos, por primera vez, una pareja de homosexuales en Canadá. Así se mostraron varios temas. Pero sí eran sometidos a una revisión previa. Me acuerdo de un teólogo español que me dijo en una entrevista que en la Iglesia Católica, en primer lugar, el matrimonio no siempre fue un sacramento, que se convirtió en ello, para darle más categoría e institucionalidad; y que el aborto no siempre estuvo penado por la Iglesia Católica. Este tipo de cosas no iban.

-¿Cuál es la importancia que le asigna, en la construcción de sociedades democráticas, a los programas que agrupa bajo la etiqueta “cultural”?

Empezaría por decir que aquí se ha metido bajo este concepto a los programas de contenido. Lo que interesa en la televisión es tener por lo menos una parte de su programación con algún contenido significativo para la sociedad a la cual está transmitiendo, que no tiene que ser necesariamente cultural en el sentido que habitualmente se entiende, es decir, como arte o conocimiento de la historia.

Cuando yo llegué a Holanda, en 1963, en Chile ya había tres canales; en Holanda, uno. Este era ya uno de los países más ricos del mundo. Y transmitía, más o menos, desde las seis hasta las diez de la noche. Pues bien, allí en Holanda, a las 9 de la noche había clases de inglés por televisión, porque entendían que son un país pequeño, bastante aislado por un idioma hermético. Entonces, consideraban imprescindible que su población aprendiera inglés. Si tú dices eso aquí, te dicen “bueno, pero es que esos son los holandeses, los nórdicos”. O sea, me están diciendo que somos inferiores en inteligencia respecto de los europeos. En definitiva, que nosotros somos una tropa de imbéciles. Ese es el desprecio que tienen nuestras clases dirigentes hacia el pueblo chileno.

Yo encuentro que el desperdicio que se ha hecho aquí de la televisión pública es de tal magnitud, ¡qué la única palabra que se me ocurre para calificarlo es de criminal! ¡Tener un Instrumento como ése y usarlo para lo que lo usamos, es criminal! Luego te salen con que en el cable hay programas buenos. Efectivamente, en el cable hay programas muy buenos, pero éste lo tiene sólo la gente que tiene dinero. Entonces, otra vez estamos agrandando la brecha. Y la muchachita allá de provincia, lo único que ve es que hay que estar zangoloteándose a las seis de la tarde.

-¿Esto podría explicar por qué el autofinanciamiento es la regla de oro de TVN?

Claro, no deja de ser divertido que Televisión Nacional sea un ejemplo de televisión pública porque se autofinancia y para autofinanciarse no tenga nada de televisión pública. Es un chiste. Pero, además, es una mentira. Canal 13 acaba de hacer unos documentales sobre O’Higgins, Carrera y Rodríguez. El mismo Mirador llegó a tener 35 puntos. Entonces, hay mucho de mito en torno a esto. El programa de los hermanos Gedda, Al Sur del Mundo y La Tierra en que Vivimos han tenido también muy buena sintonía. Entonces, lo que pasa es que constantemente se está comparando un programa en el que se meten 200 millones de pesos, con uno en el que se gastan cinco. Así, por cierto, no hay comparación.

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lunes, 1 de octubre de 2007

¿Qué idioma hablamos los chilenos?

Hace rato que este tema viene dando vueltas en mi cabeza. Pienso que los chilenos hemos deformado el lenguaje de una manera grosera, y que a la mayoría sigue pareciéndole divertida esta situación. Usamos una y mil veces la misma frase para justificar nuestra incorrecta forma de expresarnos : cada país tiene sus propios modismos. Sí, pero nos hemos ido quedando sólo en modismos y cada vez le tenemos más miedo a hablar correctamente. Y cuando digo esto, no me refiero a no decir patá en la raja cuando la situación lo amerite, sino a la misma autocensura que opera en nosotros por el temor a decir las cosas como realmente deben decirse y a identificar los contextos en donde proferimos tal o cual enunciado.
Ni hablar de la pobreza de lenguaje -que siempre suele venir acompañada de la pobreza de ideas (o es al revés?)-. Con suerte nos movemos entre 10 y 50 palabras. Horrible. Hay gente que ni siquiera llega a eso porque el sonido que sale de sus bocas dista mucho de parecer una palabra.
"No, es que así nos entendemos"...¿y está bien eso me pregunto yo?
No va a faltar el que diga que hablar bien es siútico. Este comentario es del típico personaje que piensa que hablar bien es decir " mal intencionado, cómo te atreves a infringirme dolor (se acuerdan de eso?)", y se compra el cuento de que hablar bien es hablar como en La Cuarta.
¿Por qué terminamos todo en ito o en poh? ¿Por qué nos cuesta tanto hilar una frase sin ocupar modismos? ¿ Cómo estai? ¿Cachai? ¿pa' donde vai? Ok, no nos pongamos cuáticos, eso al menos se entiende. Pero ¿ somos realmente capaces de identificar los contextos?
Y sin embargo somos tremendamente hábiles para ponerle significados a la palabra weon :

¡puta el weon weon, weon! (aquí weon tiene 3 significados distintos y nótese, ya es weon no huevón).

Esta bien que la lengua tenga propiedades de mutabilidad pero me parece que hemos llevado eso al extremo. Inventamos palabras para todo: pelolais y Pokemón, las últimas.
Qué decir del acento cantadito e inseguro que tenemos.
No sé que piensan ustedes.
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diccionario de modismos