domingo, 30 de septiembre de 2007

La Cuarta. Matriz popular de la prensa sensacionalista

La prensa sensacionalista en Chile tuvo su origen en las liras populares. Éstas reproducían el modelo español de los viejos juglares en que, a viva voz, se describían las hazañas y se contaban las historias. Es decir, tiene su origen en la tradición oral.

La lira puede definirse como sensacionalista debido a las siguientes características: mantenía viva la oralidad, era leída en lugares públicos (los índices de alfabetización no se comparan con los de ahora) a modo de periodismo poético, en el que los poetas relataban hechos relativos a situaciones que hoy podrían definirse como crónica roja, titulando de manera propiamente sensacionalista sus creaciones.

Esta herencia fue recogida por algunos medios como Clarín y a mediados de los '80 por el diario La cuarta . En la editorial de la primera edición de este periódico quedaba manifiesta la intención de constituirse como un diario amigo, dejando afuera la política (entendida por La Cuarta como un elemento dividor y conflictivo), es decir, convirtiéndose, de facto, en un medio carente de debate público. Esta intención de no ideologizar, sin embargo, esta declaración de principios portaba en su silencio toda su ideología.

Es así como se privilegiaron, desde el comienzo, aquellas informaciones de crónica roja, policial, deportes, destacando en portada, con mucho color y con grandes letras, titulares como: "la mató de un hachazo". Otro elemento característico es la brevedad de las notas y la pobreza del lenguaje (chilenismos, expresiones de doble sentido, etc) en función de la poca costumbre lectora del sector al que el medio va dirigido. Este tipo de lenguaje es percibido por este público como directo, sin eufemismos y más cercano a la gente, atribuyendo a las informaciones publicadas en La cuarta un criterio de verdad, precisamente porque sus lectores piensan que este medio "dice las cosas como son". La lectura del medio constituye una actividad que se disfruta y que posibilita las relaciones sociales en torno a las informaciones del medio, es decir, La Cuarta es objeto de conversaciones tanto con la familia como con los compañeros de trabajo. Existe un proceso de socialización en torno a sus contenidos.

En los últimos años el períodico - que sobrevive gracias a sus ventas- ha perdido una fracción de público que ha preferido en nuevo estilo de Las últimas Noticias, obligando a La cuarta a adoptar las formas de este farandulero medio, medificándo su histórica portada en donde se incluía ineludiblemente, la foto de una muchacha en bikini. Ahora, una fotografía farandulera ocupa la totalidad de la portada.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Acceso a la justicia en Chile: la pobreza que nadie conoce

La “pobreza legal” es una de las consecuencias de la pobreza socioeconómica. Supone que la relación entre los recursos y el acceso a la justicia es directamente proporcional, es decir: a menos plata menos acceso a la justicia y menos conocimiento de los derechos y garantías de las víctimas e imputados. Dicho fenómeno es producto de la ignorancia jurídica de amplios sectores de la ciudadanía y les impide hacer uso material e informado de la ley y sus instituciones.

Según el Defensor Regional Metropolitano Norte, Leonardo Moreno Holman, lo más común entre las personas de escasos recursos es no saber si quisiera a dónde dirigirse en caso de necesitar asistencia jurídica. Sin embargo, sostiene que la creación de la Defensoría Penal Pública es un gran paso en la modernización del sistema judicial chileno, “su creación y la labor de sus defensores vino a palear la denominada ‘pobreza legal’ que se produce especialmente en algunos sectores de la ciudadanía, que se ven privados de un acceso efectivo a la justicia por no tener un conocimiento efectivo tanto de cuáles son sus derechos, como de la manera de hacerlos efectivos y a través de qué medios”

La Directora Nacional del Programa de Acceso a la Justicia (PAJ) del ministerio de justicia, Isabel González, afirma que con el derecho de acceso a la justicia se busca “brindar la posibilidad a todas las personas, de acceder con el menor costo posible, al conocimiento, ejercicio y defensa de sus obligaciones mediante servicios de justicia cercanos a los usuarios

Una efectiva garantía de este derecho implicará entonces que la calidad del servicio judicial requerido no solo se medirá de acuerdo a las destrezas de gestión de los abogados involucrados sino también conforme a su desempeño como formadores de conciencia jurídica que posibilite al usuario disponer de los conocimientos necesarios para tomar decisiones informadas y responsables en aquellos temas que lo comprometan.

La inclusión del derecho de acceso a la justicia como derecho humano de tercera generación –de solidaridad y bien común- implica que debe asegurar la asistencia judicial para todas las personas, así como garantizar la igualdad de las partes en el curso de un determinado proceso. No sólo eso, el derecho de acceso a la justicia supone también una instrucción formativa -e informativa- del usuario con el fin de que éste adquiera el conocimiento jurídico necesario para comprender el alcance de sus derechos y sus posibilidades en el litigio.Pero hasta el momento, todo lo anterior se queda en buenas intenciones.

Es un hecho objetivo que la desinformación judicial de los sectores más desprovistos es un obstáculo para la igualdad de condiciones en materia de acceso a la justicia. No existen los canales suficientes de transmisión de información que permitan a las personas de escasos recursos enterarse de sus derechos y deberes ante la ley. La mayoría de ellos con suerte sabe a quien recurrir si es víctima de un delito. Muchos optan por resolver los problemas en la justicia callejera donde el principal motor es la venganza. Aquí no hay jueces ni fiscales y la pena de muerte es aceptada. En términos de efectividad, podemos decir que es superior a la reforma procesal: los conflictos se resuelven en cosa de días. Sin embargo, no a todos les gusta este salvajismo judicial pues sumerge al resto de la población en el miedo y desaparece toda posibilidad de coexistencia pacífica. La verdadera justicia pareciera estar muy lejos de estas personas.

La Directora del Centro de Justicia de la Universidad de Chile y especialista en derecho penal, María Inés Horvitz sostiene al respecto que “Hay mucha desinformación respecto de los derechos de las personas. A pesar de que ahora se está solucionando, en alguna medida, la parte penal, en general la gente no solamente ha tenido una mala opinión de los servicios de justicia sino también tiene una mala percepción de los funcionarios públicos que están a cargo del servicio de justicia, de los abogados”.

Esta lamentable realidad se desprende de varias investigaciones, entre ellas la de “percepción de la población pobre de Santiago sobre las condiciones de acceso, equidad y satisfacción en la intención de justicia” realizado por la Universidad Católica Silva Henríquez, que no sorprende ni al más optimista. El 80,2% de los entrevistados piensa que la calidad de la justicia que obtienen los pobres es “mala” o “muy mala” y sólo un 1,9% estima que es “buena”.

Un 43,3% de los entrevistados considera que la calidad de la justicia que obtienen los pobres en Chile en la actualidad es "Igual que hace 10 años”, otro 30,3% estima que es “Peor que hace 10 años” o “Mucho peor que hace 10 años” y sólo un 20,6% cree que “Mejor que hace 10 años” o “Mucho mejor que hace 10 años”.

La investigación arrojó además que la principal idea que la población pobre de Santiago asocia en forma espontánea a Justicia es “igualdad para todos” (20,9%) y dictaminó que para el 61, 9% de los encuestados el Estado es el responsable de que las personas pobres obtengan justicia.

Respecto del acceso a ésta, el 92,1% considera que las personas con más recursos tienen mayor acceso a la justicia que las personas pobres y el 88,2% piensa que los pobres debieran tener justicia en forma gratuita.


Sigue Leyendo


“Hay mala voluntad para atender a las personas”

En esta línea, el Observatorio Ciudadano de Acceso a la justicia de la corporación ONG Forja elaboró, en enero de 2005, un documento que estimó que aún en los servicios gratitos de asistencia jurídica (con excepción de la Defensoría Penal Pública) el costo mínimo y obligatorio para los usuarios es de setenta mil pesos. El periodista Juan Jorge Faúndes, encargado de dicho observatorio sostiene que esta es la razón de que el 50% de los chilenos esté imposibilitado de acceder al “mercado de la justicia”. Afirma, además, que hay tener en cuenta que una cosa es acceder, y otra la calidad del servicio que se recibe.

Desde esta perspectiva el sistema de justicia puede ser visto como un mercado con elevadas barreras de acceso, para ser utilizado principalmente por los sectores más ricos de la sociedad.

La pregunta que nos hacemos entonces es ¿la puesta en marcha de la reforma procesal penal, ha permitido a los sectores medios, bajos, pobres e indigentes acceder a una justicia penal de calidad realmente?

¿Centros de asistencia judicial?

Los centros de asistencia judicial (CAJs) son corporaciones de derecho y que cuentan con un consejo presidido por el Seremi de justicia e integrado por abogados de la Universidad de Chile y la Universidad Católica. Se financian con aporte fiscal y en un porcentaje menor con aportes de las municipalidades. Se atiende a familias urbanas que cuentan con 6 UF por cada integrante y a familias rurales con 3 UF por integrantes, además de detenidos, y afectados por violencia intra familiar.

Isabel González destaca la importancia de las CAJs “Contamos con profesionales que permitan entender bien los conflictos de las personas y asesorarlas para que lleven bien sus causas. Lo primero es, un examen de salud jurídica. Lo segundo una forma de solución. En algunas corporaciones incluso hay psicólogos que entregan protección a las victimas que han sufrido algún conflicto traumático o que amerite esta protección y cobijo psicológico”

De acuerdo a un estudio de la Universidad Católica de Valparaíso y presentado en el último foro iberamericano de acceso a la justicia concluyó que la potencial población usuaria de los Centros de asistencia jurídica corresponde a aquella ubicada en el 1º quintil del ingreso per cápita, esto es 3.632.201 personas. Es decir, el 23,5% de la población total nacional.

La población que efectivamente uso este tipo de asistencias durante el último año fue solo de 375.000 personas, es decir, el 2,4% de la población nacional y el 10,3% de la población potencialmente demandante.

El mismo estudio señala que de cada tres problemas de índole jurídico, se busca ayuda en dos (66,3%). Las 3 razones mencionadas para no buscar ayuda son, el no saber dónde acudir, carecer de dinero y no tener urgencia para resolverlo.

La Directora del PAJ sostiene que esta situación se debe fundamentalmente a la falta de información “Hay una extrema pobreza que no accede por falta de conocimiento, falta de información y posibilidades, por lejanía territorial, no se conoce el hecho de tener estos derechos, no saben que existen”.

Consultada respecto de la complejidad del lenguaje en que se presenta la información responde que “uno de los requerimientos para el acceso a la justicia es precisamente el lenguaje. Este debe ser cercano a las personas, entendible al igual que los procesos. Necesitamos una justicia más humana, más cercana a las personas, como dice el ex ministro Luis Bates “que la justicia se hable en un lenguaje que las personas entiendan”.

Leonardo Moreno sostiene que lo que incide más fundamentalmente en el desconocimiento de las personas es el escaso trabajo realizado en las bases “falta trabajo de difusión en la comunidad, en la junta de vecinos, en organizaciones comunitarias, falta trabajo de difusión en la base…”

Al igual que González sostiene que el lenguaje es fundamental en este sentido

“Es muy relevante formular un discurso que la gente entienda, los abogados tendemos a hablar en complejo y por lo tanto lo importante es tener un lenguaje para cada grupo, para los jóvenes, para el adulto mayor, para los pobres…”

Reprobados

La reforma procesal penal pretende que a los imputados se les trate dignamente sin incurrir en las prácticas abusivas y discriminatorias que eran propias del sistema antiguo, fundamentalmente de las policías que, según María Inés Horvitz, cuentan con un gran poder de definición al tener en sus manos la decisión del trato que se le da a cada imputado. “La policía opera con cierto estereotipo que aprenden en las escuelas. Este estereotipo coincide con el de aquellos delincuentes que provienen de una determinada clase social”

Esta situación, sin embargo, no es desaprobada por la ciudadanía que evaluó a carabineros con nota 4,4 en el mismo estudio realizado por la UCSH. Los tribunales de justicia, en cambio, apenas obtuvieron un 3,7. La percepción ciudadana respecto de la justicia, claramente es negativa. Isabel González opina que los medios de comunicación son, en parte, responsables de esto “me da la impresión de que la prensa también influye mucho en la percepción ciudadana negativa respecto de la justicia”.

La reforma procesal penal entrega una serie de derechos a los imputados con el fin de no estigmatizarlos ni violentar su dignidad como personas. Se trata en definitiva de garantizar los derechos más básicos a los cuales debiera aspirar todo sistema de justicia.

Los imputados tienen derecho a no ser sometidos a tortura, a tratos crueles, inhumanos o degradantes. La defensa de los imputados debe ser gratuita, lo que favorece aún más su situación pues ya no deberán pagar los setenta mil pesos que antes se requerían para las formalidades de la asistencia jurídica. Si a eso le sumamos que para iniciar un proceso formal no sólo basta la denuncia sino que ésta debe ir acompañada de antecedentes que permitan individualizar e inferir el vínculo con el delito por el cual se acusa a una determinada persona, podemos decir que al menos legalmente las malas prácticas a las cuales muchas personas de sectores marginales estaban acostumbradas han quedado obsoletas y son objeto de denuncia en el caso de producirse.

Horvitz está conciente de que las reformas no implican cambios inmediatos porque “hay muchos operadores, incluyendo jueces que son todos del antiguo sistema y están culturizados en un sistema en que no se reconocía este tipo de derechos al imputado. Les ha costado mucho ver al imputado de una manera diferente a como era antes. Hay muchos que todavía que los tratan de malvados. Ni siquiera son capaces de entender de que aunque sean efectivamente culpables, tienen derechos”

De acuerdo al estudio mencionado antes, los principales factores que limitarían las posibilidades de que una familia pobre obtenga más justicia, son: No tener acceso abogados (60, 5%). Discriminación por parte de las instituciones y los funcionarios (59,2%). No ser tomados en cuenta (57,2%). Bajo nivel educacional de las personas (56,9%). No saber donde acudir (51,6%) y la burocracia de las instituciones (46,7%).

Estos resultados reflejan tendencias similares a años anteriores incrementándose el porcentaje de personas que se inclinó por cada una de ellas, debiéndose tener presente que podían seleccionar más de una alternativa.

Desafíos para el futuro

Hay ocasiones en las que ante las denuncias, se aplica la facultad de no investigar o el principio de oportunidad, situaciones que también favorecen a los imputados y permiten la acumulación de casos que no son investigados por considerarse que no poseen los antecedentes suficientes. Hasta la fecha un 49,6% de las denuncias se han archivado por esta razón.

Leonardo Moreno opina al respecto que “un sistema procesal moderno no puede procesar todas las denunciar que se generen en su interior. En ninguna parte del mundo el sistema procesal es capaz de procesar todas las denuncias. Esto es al revés, un sistema procesal eficiente lo que tiene que hacer es selectivo.” Esto porque sencillamente no hay plata para perseguir todas las denuncias ni para investigar todos los delitos.

El abogado explica además que “Todos los sistemas del mundo son selectivos. De cada 100 denuncias un sistema realmente eficiente no debiera tramitar más de 30. Esto es una regla del juego y ahí está el problema de acceso a la información. Le vendimos mal esto a la gente, porque se vendió el sistema como solucionador de un problema que no lo es”.

Un sistema sano entonces favorece soluciones alternativas como la mediación y no judiacializa todas las denuncias.

La Directora del Programa de Acceso a la Justicia explica respecto de este punto que “Lo que se está haciendo es prevención y difusión de los derechos de las personas. Se busca la mediación, la negociación. Nosotros promovemos la mediación porque consideramos que es una de las herramientas más importantes para favorecer la participación social. La mediación es un instrumento que te ayuda a resolver los conflictos de forma más permanente. No se trata solamente de descongestionar los tribunales sino que creemos que una sociedad sana podría usar como herramienta la mediación”

Cuando se pretende trabajar el problema de la criminología en serio, un eficiente sistema judicial no debiera preocuparse tan solo del castigo. Al menos así lo creen Moreno y Horvitz. Antes está la prevención, esto significa terminar con las fallas de discriminación existentes y generar condiciones igualitarias de educación, de salud e igualdad de oportunidades.

“En vez de pensar en construir una cárcel para poner ahí a 3 mil o 4 mil personas, es más rentable –según paz ciudadana- invertir un dólar en la educación de un joven que un dólar invertido en un dólar privado de libertad” ejemplifica Moreno.

Se trata entonces de cambiar los paradigmas en que se ha basado el sistema penal en Chile.

La sociedad moderna funciona bajo la lógica de los castigos a los que son distintos y ese castigo se expresa de diversas formas. Una es la exclusión social: “Los sectores marginales y poblacionales no juegan el juego de la modernidad. Ellos están fuera. Ellos no acceden a los bienes, a los vehículos, están al margen. Nadie se hace cargo de poner a estas personas en una situación equivalente a la de personas de una posición más acomodada” agrega el Defensor.

Una opinión contraría tiene el periodista y director de la ONG Forja, Juan Jorge Faúndez, para él, el hecho de que se archiven casi el 50% de las denuncias redunda en altos niveles de desaprobación del sistema de justicia por los grados de frustración que produce el hecho de no ser tomado en cuenta.

Isabel González reconoce esta situación y piensa que es un tema que debería reforzarse. “Se necesita una atención jurídica para los delitos no violentos que actualmente no lo tienen”. Sin embargo, sostiene que los esfuerzos están dirigidos en esa dirección.

Ser atendido, recibir trato digno, denunciar el delito, ser informado, solicitar protección, obtener reparación, ser escuchado, interponer querella, participar en el proceso y reclamar, son algunos de los derechos que las víctimas tienen y que deben ser difundidos. María Inés Horvitz señala que es fundamental la implementación de cursos de Educación Cívica en los colegios porque “esta es la única manera de asegurar el conocimiento de los derechos y las posibilidades tanto de las víctimas e imputados”.

Todos coinciden en que se ha hecho bastante pero aún queda mucho por hacer y que es responsabilidad de todos los ciudadanos aprender a denunciar y a hacernos responsables de esas denuncias. Isabel González lo explica de la siguiente manera “Debemos asumir una cultura jurídica más activa”.

Mientras el Estado no quiera empoderar a los ciudadanos no será mucho lo que avancemos en materia de acceso a la justicia.

lunes, 24 de septiembre de 2007

El ejercicio de entrevistar

El discurso mediático ha mantenido, hasta este momento, un rango de objetividad en su decir. Esta prerrogativa pareciera adosarle a la práctica periodística un determinado valor de verdad, principalmente en los públicos consumidores de información, ya que éstos estarían obligados a establecer un pacto de fe con el medio que se las ofrece. Bajo esta perspectiva, es predominante la idea de que los medios de comunicación serían agentes discursivos que construirían la realidad, regularían y administrarían la moral de la sociedad.

Podrá decirse que este contrato de realidad es lo suficientemente flexible como para incluir la posibilidad de sospechar, en mayor o menor medida, de la realidad presentada por los medios de comunicación. Sin embargo -dudas más, dudas menos- la práctica periodística cuenta con aquella coraza sensible que legítima su institución y que no pocos problemas ha enfrentado a la hora de su exploración y reconocimiento. La objetividad es, sin duda, uno de los mitos más difíciles de derrocar.

¿Cuál es el lugar de las entrevistas en este contexto?

Las entrevistas refuerzan la creación de imaginarios sociales en el conjunto de la comunidad. Este ejercicio supone una permanente tensión semántica frente a la cual un buen periodista debe estar siempre alerta. Se debe permanecer en el diálogo utilizando todos los sentidos. No se puede ser condescendiente ni tampoco violento, la psicología de la entrevista es tan o más importante que la información que posea el entrevistador.

Se dice que hay una manera correcta de preparar la entrevista, y que un buen entrevistador tiene un determinado perfil. Me quedan dudas respecto de si existe o no un correcto método de proceder; conozco entrevistadores que jamás “prepararon” una entrevista y sin embargo, lograron buenos resultados.

En las escuelas de periodismo se habla de ciertos métodos y procedimientos: que técnicas y talleres de entrevista y no sé que otro tipo de mecánica para llevar a cabo lo que a todas luces es mucho más sencillo. A saber, solo dos tipos de entrevistas: la buena y la mala. La buena tiene que ver con las condiciones extratextuales del entrevistador, esto es, con su historia, su biografía, sus estudios, su capacidad, sus relaciones, su vida -Eliseo Verón las llamaría condiciones de producción-, y esta habilidad del entrevistador es innata o adquirida luego de un fatigoso trabajo de aprendizaje. La mala entrevista, simplemente no tiene remedio: preguntas llenas de lugares comunes, redundancia, falta de vocabulario, exceso de síntesis, poca empatía, violencia simbólica, manipulación, vileza, sed de “golpe noticioso”, prepotencia, condescendencia, interés de denuncia pública. Esto último respecto de ciertos periodistas que no les avergüenza obtener alguna declaración de un joven delincuente mientras es llevado detenido. No hay nada ahí, digno de ser contado. Enrique Symns diría que ese periodista es un canalla, un servil que aprendió el oficio a la sombra de la policía y que infla su pecho de orgullo porque ha conseguido entrevistar a un asesino.

No está ahí el sentido de la entrevista. La semiósis es un campo de batalla, en donde el discurso proferido por el entrevistado “lucha” contra las condiciones de reconocimiento del entrevistador y se produce un debate de ideas y reflexiones, en donde el entrevistador es capaz de asomarse hasta los ojos de su entrevistado y mirar a través de ellos. Lo maravilloso de la entrevista es precisamente aquella penetración, aquel traspaso de emociones, y no muchos son capaces de comprender lo bello de emprender un viaje junto al drogo que está frente a nosotros, o retroceder en el tiempo junto a la señora indígena que nos habla de su vida y nos hace sentir que somos todos igual de indígenas.

La entrevista tiene que ver con el choque y el ensamble de dos historias –la del entrevistado y el entrevistador- y he ahí su sentido más glorioso.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Realidad y emociones

El siguiente es un fragmento de la obra "Emociones y Lenguaje en Educación y Política" de Humberto Maturana R.

"Me opongo a cualquier gobierno totalitario no porque esté equivocado, sino porque trae consigo un mundo que no acepto. Esto es completamente distinto a decir que me opongo a un gobierno totalitario porque está intrínsecamente equivocado. Para poder decir que algo o alguien está equivocado, tendría que afirmar lo verdadero, y para que mi afirmación de lo verdadero fuese objetiva y, por lo tanto, fundada en una realidad independiente de mi, tendría que conocer esa realidad. En suma, si digo: "me opongo a este gobierno porque está equivocado", afirmo que tengo el privilegio de tener acceso a la realidad que los miembros del gobierno no tienen. Pero, ¿con qué fundamento podría decir esto? Y ¿qué pasa si los miembros del gobierno argumentan de la misma manera y dicen que el que está equivocado soy yo?"

sábado, 22 de septiembre de 2007

Opinión pública contemporánea

La opinión pública ya no es el espacio del reconocimiento, de la diferencia, de la diversidad. Es el espacio monolítico de la sociedad, del arkhé despotiqué, de la esclavitud, de la sujeción, de la mismedad. Es un cuerpo sin sustancia que fundamenta sus lógicas en el sentido común. Usualmente no elabora, no se detiene un segundo en reflexionar sobre tal o cual acontecimiento, no analiza ni se pregunta nada.
En lo contemporáneo le llamamos público a lo que clásicamente llamábamos oikos, privado. Se ha anulado el principio de la diferencia, de la pluralidad y se ha construido un esteretipo que va de la mano con la ausencia y privación de pensamiento, cuyo discurso proviene de mapas e imágenes que han sido instalados fragmentariamente por las industrias culturales o bien por los medios de comunicación y las propias experiencias cotidianas de los individuos. Se constituye como el discurso de moda: tan inconsistente como su propia duración.
Cuando digo sentido común me refiero a esta idea como un sentido general, sentimiento o juicio de humanidad; con mayor precisión, como un conjunto de creencias que la mayoría de la gente siente que son verdaderas, pero en oposición al pensamiento teórico, por tanto, sin fundamentos técnicos ni filosóficos sobre ninguna materia. En este contexto, sin embargo, el sentido común adquiere un enorme poder cuando se instala en el imaginario colectivo la sensación de injusticia, por ejemplo, o algún tema donde salen a la luz las categorías valóricas que las personas le adosan a ciertos actos cotidianos.

La racionalidad del discurso público contemporáneo no tiene en vista el bien público, sino el bien de los poderosos. El discurso público tiene un carácter fundamental: ser norma, levantar un principìo único y universal, expulsando la disidencia en una comunidad. Es un principio totalitario que se apropia se la sociedad contemporánea. Este principio no sería otro que el del orden.

En la mediatización de lo político se dispone una aparente diversidad que no trae sino una metafísica de la mismedad.

"Todos los hombres tienen opinión, pero pocos hombres piensan"
G.Berkeley

jueves, 20 de septiembre de 2007

El Fausto, emprendedor

El fausto de Goethe se constituye como sujeto propiamente moderno a partir de ciertas contradicciones que aquejan el pensamiento del hombre de este tiempo. El fausto da cuenta de una realidad tensionada, en permanente conflicto y fundamentalmente dialéctica entre sus deseos y su devenir como experiencia humana.

La figura del fausto está ligada fuertemente a la praxis. Dice Marshall Berman: "el fausto lucha para encontrar la manera de que la abundancia de su vida interior se desborde, se exprese en el mundo exterior a través de la acción" y a partir de aquí, comprenderá el fausto que el único modo de que el hombre se transforme es transformando la totalidad física, social y moral del mundo en que vive. El mundo se transforma como resultado de la praxis fáustica.

La conciencia del sujeto moderno, representada por Mefisto, lo incita a provocar, a participar en la sociedad de una manera que dé a su espíritu aventurero margen para crecer y remontarse.

La metamorfosis desarrollista supone la cristalización de un deseo de expansión moderna -encarnada en nuestros tiempos por la figura del "emprendedor"- que pone en evidencia su poder sobre las personas y su fuerza de trabajo. El fausto representa y padece un tipo de mal característicamente moderno: indirecto, impersonal, mediatizado por organizaciones complejas. Luego sufrirá con la culpa la tragedia de su propio desarrollo.

El Circo (La Danza de la realidad)

Cuando vemos trabajar en la pista hermosos caballos, elefantes, perros, pájaros y toda clase de fieras, comprendemos que la conciencia puede domar nuestra animalidad,no reprimiendola, sino dándole oportunidad de realizar tareas sublimes. La bestia, al saltar a través de un aro en llamas, vence el temor a la perfección divina y se sumerge en ella. La fuerza del elefante se pone al servicio de la construcción. Los felinos aprenden a colaborar. El lanzador de cuchillos nos enseña que sus hojas metálicas, símbolos del verbo, son capaces de circundar a la mujer atada en el blanco, símbolo del alma, sin herirla. Las palabras son dominadas para eliminar de ellas la agresividad y ponerlas al servicio del espíritu: la finalidad del lenguaje es mostrar el valor del alma, valor que es entrega absoluta . El tragador de sables nos muestra en qué manera total, sin ofrecer ningun obstáculo, se acata la voluntad divina. La menor oposición causa heridas mortales. La obediencia y la entrega son la base de la fe. El hombre que escupe llamas simboliza a la poesía, lenguaje ilumidado que viene a incendiar el mundo...Los contorsionistas nos enseñan como liberarlos de nuestras formas mentales anquilosadas: no se debe aspirar a nada permanente. Hay que construir con valentía en la impermanencia, en el cambio continuo. Los trapecistas nos invitan a elevarnos de nuestras necedidades, deseos y emociones para conocer el éxtasis de las ideas puras. Ellos evolucionan hacia lo celestial, es decir, la mente sublime. Los presigitadores nos dicen que la vida es una maravilla: no hacemos los milagros, aprendemos a verlos. Los equilibristas muestran cuan peligrosa es la distracción: lograr el equilibrio significa estar por completo en el presente. En fin, los malabaristas nos enseñan a respetar los objetos, conocerlos profundamente, ubicando el interés en ellos y no en nosotros mismos. Es la armonía en la coexistencia. Gracias a nuestro afecto y dedicación, aquello al parecer inanimado, nos puede obedecer y enriquecer.

(El payaso Piripipí a Alejandro Jodorowsky en "La danza de la realidad". página 172.)

miércoles, 19 de septiembre de 2007

La mala buena onda

Pregunta: ¿tengo que aguantar que un tipo hinchado de alcohol y mentiras me diga lo que quiera y me bañe en su saliva tóxica, insultos y herencias arrogantes solo porque es más viejo que yo y dice: que es más viejo que yo, que tiene más plata y un par de apellidos de vida social y está en el lado alto de la balanza donde se huele el poder y otras tantas cosas que desconozco, y por eso y solo por eso debo atender y escuchar todo lo que el viejo quiera y todo lo que el viejo diga y haga y piense y me grite aunque sé, y estoy seguro, que nada que venga de él esta bien ni tiene argumentos? Respuesta: No.

Me pasó ¿saben? y me hizo bien. Porque ya no creo en la tolerancia como una virtud. Y el aguante, la versión bizarra y pop del concepto, me parece injusta. Sofocante y falso. Vicioso, peligroso. Una prisión media posmo y ondera de lo que debe ser/hacer un tipo evolucionado. Ese irritante como -debes- ser. Mi síntoma de evolución es una larga lista de intolerancias que justifico. La mentira, la traición, la prepotencia, el abuso, la decadencia, son algunas. Solo porque se puede cambiar. Son actitudes, como se dice. No esencia. Y esta intolerancia que ahora entiendo y practico y me siento mejor, está lejos de la discriminación. Son cosas distintas. Aprendí a no discriminar hace rato (hay más razones en mí para ser discriminado que al revés). Y aprendí hace poco a no tolerar la tolerancia total. No te puedes despegar de ser negro, chino, ni canuto aunque te conviertas, ni peruano, budista u homosexual. No tolerar eso, es discriminar. Sí se puede dejar de ser un caradura, por ejemplo. Y se puede y debe dejar de aguantarlos. Yo aparte de esos, tampoco aguanto más a los que aguantan de todo y de todo en pos de una tolerancia mal entendida. Digo: no estoy de acuerdo contigo viejo pero te tolero. Digo, no te tolero. Y no por eso discrimino. No atreverse a decir "no estoy de acuerdo" es lo que me parece cobarde. Ergo, intolerable. Pero se usa ¿saben? Todo forrado en esa insana costumbre de la buena onda. Y la buena onda, no sirve para nada. No se avanza. Se sonrie. No se enseña ni se aprende, se deja pasar. Y si nadie te dice que lo que haces y piensas y dices pésimo, creerás que lo haces y piensas y dices bien. En eso de engañarse y dejar pasar hay que ser intolerante. Con uno mismo, para empezar.

Sé que hay razones para engrupirse con ser tolerante, pero todas nacen de la confusión que provoca casi un dogma. Y no lo es. Hay que evaluar antes de decidir que se puede tolerar. Y que es lo que se esta soportando resignadamente. Eso no nos hace mejores personas. Todo lo contrario, nos daña. Ya se que está eso de que cada cual haga lo que quiera, aunque su discurso venga de la ignorancia y el error. Pero eso no es gracia. Ese silencio no es tolerancia, es complicidad de lo malo. Por eso digo que la tolerancia sirve para cosas enanas y poco importantes. Cosas que, en esencia, no te afectan mucho. La tolerancia se niega asi misma cuando se aplica a los intolerantes: aguantalos y devorarán todo. Y si no los aguantas, pasas a ser intolerante, y entonces ¿donde queda todo el discurso? A mi, por lo menos,
se me acabó la buena onda gratis.