lunes, 15 de octubre de 2007

Fe de ratas : La industria del libro en Chile.

“De los diversos instrumentos del hombre el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz, luego tenemos el arado y la espada, extensiones de su brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es la extensión de la memoria y la imaginación”

Jorge Luis Borges, El libro.


La industria editorial chilena padece, desde hace algunos años, un mal del que no ha podido recuperarse.

La desaparición de la editorial Dolmen y el cierre de librerías como “World Book Center” y “Antártica” sumados a los constantes tambaleos de la “Andrés Bello”son síntomas de esta peligrosa enfermedad.

Los últimos estudios de canales de comercialización del libro en Chile dan cuenta de los problemas que existen hoy en día para superar esta crisis que se ha venido encima lentamente, sin dañar mucho todavía, pero consumiendo los lugares más sanos de esta desdichada industria cultural.

Hay consenso de que la información y el conocimiento son claves para el desarrollo de las sociedades contemporáneas. En este contexto, el libro, “es un bien fundamental. Es archivo y vehículo de información, de conocimiento, sensible e intelectual en tanto la lectura es un comportamiento de alto valor cultural, económico y político” según leemos en el blog de Editores de Chile.

La industria del libro posee dos dimensiones que no siempre son compatibles: además de ser el soporte simbólico de una sociedad, es un bien en tanto mercancía económica, y por ello, para su distribución, los editores se ven en la disyuntiva de tener que dejar pasar libros que no necesariamente son buenos pero que sin embargo venden. Esta es una de las principales trabas de la industria: las escasas ventas a veces no justifican editar textos que no tienen demanda de lectores, aunque éstos representen aportes incalculables a la cultura, la educación, la poesía y el arte nacional.

De subidas y bajadas

Con el advenimiento de la democracia, la industria del libro en Chile experimentó un nivel de crecimiento significativo que coincidió con el aumento de los ingresos de las personas en los primeros años de los noventa. Esto incentivó la inversión de editoriales trasnacionales –como Alfaguara- que vieron en Chile un nuevo mercado para sus ediciones, además del surgimiento de editoriales independientes que le daban al país un nuevo brío en materia de oferta de libros. El crecimiento aludido se pudo observar además por la instalación de nuevas librerías, la promulgación de la Ley del Libro y la Lectura que creó el Consejo Nacional del Libro y la Lectura con su correspondiente fondo de recursos concursables, la utilización de nuevos canales de venta y la presencia de editoriales chilenas en otros mercados. Dicha presencia se materializó tanto en ferias, misiones comerciales, catálogos de la oferta exportable como en cifras concretas de exportación, la multiplicación de ferias del libro en todo el país, la importante cantidad de autores chilenos publicados en novela, cuento y también en el género ensayo con importantes cifras de venta.

Pero todo lo que sube en algún momento baja, o se estanca. En 1997 la crisis asiática afectó considerablemente el ingreso de las personas y con ello la demanda por libros también disminuyó.

La situación económica de fines de los noventa no fue el único factor que condicionó el estancamiento o retroceso en el desarrollo de esta industria. Se pueden distinguir razones estructurales y circunstanciales, siendo las primeras las más importantes. Entre ellas se destacan los pobrísimos niveles de comprensión de lectura en la población: según la Encuesta Internacional de Alfabetización de Adultos de la OECD del año 2000, el 80% de los chilenos no comprende lo que lee (Una encuesta más reciente señalaba que el 50% de los universitarios no comprendía lo que leía) A eso se suma la debilidad financiera en casi todas las etapas de la cadena de valor de la industria del libro, la escasa compra de libros chilenos por parte de bibliotecas, la invisibilidad del libro en los medios de comunicación, el hábito masivo de reprografía (fotocopias) en universidades, colegios e instituciones privadas y públicas, la piratería, el alto impuesto al valor agregado al libro y fuerte concentración del libro de lengua castellana en España. A esto, el editor Juan Carlos Sáez agrega que “existe una ausencia de una política nacional para el libro y la lectura que aborde sistemáticamente todas las dimensiones de este desafío incluyendo desde medidas sobre la cultura y la educación, hasta económicas y fiscales, aparte de generar una presencia estructurada del libro a nivel nacional que le devuelva su valor simbólico” según un articulo que escribió para la revista Rocinante en septiembre 2005. La leve recuperación en 2000 y 2001 terminó con una caída adicional en 2003 y 2004.

¿IVA?

Esto es algo que se ha venido arrastrando desde anteriores gobiernos. Hace no mucho tiempo Editores de Chile, que agrupa a la editorial Cuatro Vientos, Ril, Cuarto Propio, Pehuén, Cesoc, Ediciones de Temple, LOM, Andrés Bello, Universitaria y Aún creemos en los sueños, solicitaron, mediante una carta abierta al ex Presidente Lagos, la reducción del pesado impuesto que actualmente grava al libro.

En la carta mencionada la agrupación que dirige Pablo Slachevsky– LOM Ediciones- señalaba que dicho impuesto incide directamente en el desarrollo del país y es la razón principal de los bajos niveles que muestra la población chilena. Agrega, además, datos del IVA en distintos países de Europa, Asia y América: Bélgica 6%, Francia 5,5%, Canadá 7%, Grecia 4%, Estados Unidos 7%, Japón 5%, Portugal 5%, España 4%. En Argentina, Colombia, Gran Bretaña, Corea, Perú, Hungría, Uruguay y Brasil las personas no pagan impuesto al valor agregado de los libros. Para que se haga una idea, cada vez que usted compra uno, el Estado recauda el 20% de su valor.

El variable porcentaje de propiedad que tienen los grupos editoriales extranjeros en las empresas chilenas hace distintos los grados de control que ejercen. Se puede afirmar, en general, que las filiales actúan con autonomía en lo que se refiere a gestión administrativa. Sin embargo, se encuentran sujetas a control en el plano financiero, es decir, la rentabilidad que se les exige articula y dirige las otras libertades.

Una encuesta realizada por el sitio web Letras de Chile en la que se preguntaba por las razones de los bajos índices de lectura en Chile (España 77%, Argentina 72%, Chile 31%), concluyó de la siguiente manera: el 40,08 % de quienes respondieron la encuesta piensa que está situación se debe al alto valor de los libros en Chile (424 personas). El 23,16 % cree que se debe a problemas en la formación escolar (245 personas). El 15,22 % le atribuye la responsabilidad a la falta de fomento a la lectura (161 personas) y el 4,73% cree que la culpa es definitivamente del impuesto (50 personas).

Modernización de librerías.

Las librerías presentan sus propios problemas. El estudio realizado por CERLAC en conjunto con la Cámara chilena del Libro identificó y jerarquizó de la siguiente manera los principales problemas de las librerías en el país: Falta de modernización empresarial: El uso de las nuevas tecnologías para el desarrollo, promoción y venta de libros no ha sido implementado por todas las librerías, lo que ha evidenciado grandes diferencias entre ellas. Mientras la editorial Andrés Bello ha visto como se reducen los títulos publicados y ha sufrido el cierre de algunas de sus librerías, la Feria Chilena del Libro se ha modernizado y expandido incluso fuera de Santiago. Aumentando considerablemente su número de librerías.

El perfil del empresario sumado a la competencia del sector informal son problemas que afectan las ventas: todos los administradores de librerías entrevistados coinciden en que la piratería es uno de los principales problemas. Ésta seduce con títulos llamativos, principalmente Best Sellers, a los transeúntes que circulan por el centro de las ciudades. Claudio Pérez, vendedor de la librería Contrapunto ubicada en Huérfanos, comenta con resignación que “los vendedores no podemos hacer nada para evitar la competencia desleal, eso es un problema que deben resolverlo las editoriales. Es una pena que la gente prefiera libros de mala calidad que muchas veces vienen con menos hojas y faltas de ortografía”.

La capacitación de los empleados, la competencia de las papeleras y de las editoriales, además de la del Estado son otros factores que dificultan el buen funcionamiento de las librerías. Otro problema es la ubicación geográfica de ellas en el país: el 42% de las librerías se encuentran en la Región Metropolitana, el 13% en la Región de Valparaíso, el 13% en la Región de los Lagos, el 6,3% en la Región de Tarapacá, y con porcentajes menores en las demás regiones.

Canales de comercialización

En Chile las librerías siguen siendo el canal tradicional para la venta de libros, sin embargo en las últimas dos décadas, en forma progresiva, y cada vez de manera más eficiente se han incorporado distintos canales para su comercialización.

• Librerías
• Papelerías (establecimiento cuyo principal rubro son artículos de escritorio)
• Venta directa a través de organizaciones de venta a crédito o placistas.
• Clubes de lectores
• Licitaciones públicas
• Ferias del Libro y exposiciones
• Venta por Internet (Comercio electrónico)
• Venta en grandes superficies (Supermercados, Grandes tiendas)
• Canales atípicos (Tiendas de otros rubros)
• Venta en kioscos
• Venta directa de editores y distribuidores a instituciones, establecimientos educacionales.
• Venta ilegal por canales informales (Vía pública)

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy interesante.
Me ha servido muchisimo para mi investigación.
Gracias por postear este comentario.