El fausto de Goethe se constituye como sujeto propiamente moderno a partir de ciertas contradicciones que aquejan el pensamiento del hombre de este tiempo. El fausto da cuenta de una realidad tensionada, en permanente conflicto y fundamentalmente dialéctica entre sus deseos y su devenir como experiencia humana.La figura del fausto está ligada fuertemente a la praxis. Dice Marshall Berman: "el fausto lucha para encontrar la manera de que la abundancia de su vida interior se desborde, se exprese en el mundo exterior a través de la acción" y a partir de aquí, comprenderá el fausto que el único modo de que el hombre se transforme es transformando la totalidad física, social y moral del mundo en que vive. El mundo se transforma como resultado de la praxis fáustica.
La conciencia del sujeto moderno, representada por Mefisto, lo incita a provocar, a participar en la sociedad de una manera que dé a su espíritu aventurero margen para crecer y remontarse.
La metamorfosis desarrollista supone la cristalización de un deseo de expansión moderna -encarnada en nuestros tiempos por la figura del "emprendedor"- que pone en evidencia su poder sobre las personas y su fuerza de trabajo. El fausto representa y padece un tipo de mal característicamente moderno: indirecto, impersonal, mediatizado por organizaciones complejas. Luego sufrirá con la culpa la tragedia de su propio desarrollo.
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